miércoles, 26 de agosto de 2009

CUÁNDO YO SEA GRANDE QUIERO SER.

Es hora de dormir, ya son las nueve de la noche. Siempre a esta hora tengo que estar acostada en mi cama. Todas las noches mi mamá o a mi papá me leen un cuento. Hoy le toco a mi papá. Mi papá se sienta en una esquina de la cama, primero me da un beso, me dice “buenas noches amor” y comienza a contarme sus mejores cuentos. ¿Y saben porque él me dice buenas noches antes de comenzar su cuento? Porque antes de que él termine su cuento ya yo me he dormido. ¿Qué cuento me ira a leer mi papá esta noche? Quiero que comience ya, no puedo dormir sin mi cuento nocturno. Eran cinco hermanos, de cinco a diez años. Un día el papá y la mamá se sentaron para hablar con sus hijos. Estaban ya preocupados por su futuro. La pregunta que sus padres le hicieron fue esta: “Díganme mis hijos, ¿Qué piensan ser cuando sean grandes?” El mayor dijo, “cuando yo sea grande quiero ser poeta, quiero escribir sobre la luna, las flores y los planetas. Quiero hacerle un poema al sol, para que nos de mas brillo. Y que no queme mis plantas ni a mis animalitos. Quiero hacerte un poema mamá, el tuyo será el mas bonito.” “Gracias hijo – dijo la mamá – espero puedas triunfar y que tu sueño se haga realidad.” “¿Y tu que quieres ser?” le pregunto el papá al segundo hijo. “Yo quiero ser bombero, quiero apagar el fuego, es malo. Hace mucho daño, quita las vidas. Yo evitare que eso pase, trabajare noche y día. Antes de que el fuego empiece yo estaré en alerta, así podré usar mi manguera, saldrá mucha agua, correrá como cascada, parecerá río, se desbordara por todo el camino y apagara el incendio. Con tanta agua no habrá fuego que pueda conmigo.” “Muy bien hijo mío –dijo el padre – pero ten en cuenta tu vida, debes cuidarte mucho y tienes que pensar que pasaría si hay una sequía.” La madre le pregunto al tercero, “¿y tu que piensas ser hijo mío?” “Cuando yo sea grande quiero ser maestro, quiero que todos los niños aprendan conmigo. Les enseñare a contar, les leeré cuentos, aprenderán a escribir. Estarán tan educados y me lo agradecerán a mi.” “Eso esta muy bien –dijo la madre - pero tienes que educarte tu primero para poder educar a los demás. Dios te ayude y que seas el mejor de los maestros.” Llego el turno del cuarto hijo, y antes del que el papá le hiciera la pregunta, dijo, “Cuando yo sea grande quiero ser medico. Así papá cuando te enfermes yo te voy a sanar. Todos mis amigos vendrán a mi hospital. Curare a todos los pobres, no me tendrán que pagar. Pero a todos los ricos les cobrare, tendré un hospital tan grande que se llenara con mas de cien pacientes.” “Una carrera muy bonita hijo – dijo el papá – tienes que estudiar mucho, te tendrás que sacrificar. Pero si pones empeño, seguro lo lograras. Estaremos muy orgullosos de ti.”

El más pequeño esperaba su turno. Eran niños muy bien educados y respetaban mucho a sus padres. Solo hablaban cuando se les preguntaba algo. Por eso cuando su mamá le pregunto, sin pensarlo mucho, el pequeño respondió: “Cuando yo sea grande no quiero ser nadie, no quiero irme de aquí. Quiero seguir siendo el bebé, estar junto a mi papá y mi mamá. Yo no quiero crecer, quiero quedarme como estoy. Los niños no trabajan, no viven solos, los niños son de mamá y papá. Si crezco ya mamá no me cuidara. Quiero quedarme aquí en mi casa siempre con mi mamá y mi papá.” “Pero hijo mío – dijo la mamá – siempre te vamos a querer. Pero algún día nos dejaras. Cuando te cases, otra familia tendrás.” “¡No, -dijo el niño llorando – mi cariño es de ustedes, nadie se los quitara. Yo no me quiero ir de aquí, yo no quiero estudiar! Quiero estar contigo mamá y contigo papá, para siempre.” El niño se abrazo a sus padres y comenzó a llorar amargamente. Sus padres le dieron muchos besos y su papá le dijo: “No llores mi amor, no tienes que decir nada ahora. Tienes mucho tiempo para pensar, pero quiero que sepas esto hijo, un hijo siempre es un hijo, aunque tenga ochenta años, y siempre estarás en la falda de mamá. No importa hacia donde vayas, por mas lejos que estés, siempre mamá y papá te llevaran en su corazón.” Mamá dijo, “Mi amor, una madre nunca olvida a aquel que salio muy dentro de su ser. Cuando seas más grande lo entenderás mejor. Anda mi amor, vamonos a dormir, no llores corazón.” Paso el tiempo y el niño creció. Un día sin sus padres preguntarle, dijo, “¡Mamá, papá, vengan! Ya decidí lo que quiero ser cuando sea mas grande.” “¡Si hijo! –dijeron sus padres – dinos, ¿Qué quieres ser cuando seas mas grande?” El niño le dijo, “Yo quiero ser el presidente de los Estados Unidos. Tendré mucha gente que trabajara conmigo. Viviré en una casa blanca y ustedes se vendrán a vivir conmigo. Y no podrán decir que no, tendrán que obedecerme, porque no se puede discutir con el presidente, eso seria una ofensa para los Estados Unidos.” Todos rieron y estaban muy felices.

El papá le dijo: “Tendrás que estudiar mucho hijo, ser buen patriota, y no te olvides que debes ser muy bueno con la gente para que voten por ti. Nada de escándalos, ya tu mamá y yo estaremos viejitos, queremos vivir en paz. No es fácil ser presidente, pero veremos a ver que pasara.” El niño estaba contento, ya por fin sabía lo que quería ser. Pero no estaba seguro si había escogido la mejor profesión. Su madre le dijo, “Cuando yo tenia tu edad quería ser maestra, mira termine siendo enfermera.” El padre le dijo, “cuando yo tenia tu edad quería ser ingeniero, y mira termine siendo abogado.” Entonces el niño ahora mas seguro de lo iba a decir, “Pues papá, si no llego a ser presidente, terminare siendo alcalde”. Cuando el papá termino de hacer el cuento, su niña estaba medio dormida, le dio un calido beso y dijo, “¿Cuál será tu porvenir hija mía? Se levanto despacio para irse y no despertarla. Cuando estaba cerca de la puerta, oyó la voz de su hija, que medio dormida decía: “papá cuando yo sea grande quiero seguir siendo tu hija. Que no dejes de quererme nunca. Y cuando tu seas viejito yo te contare cuentos a ti.”

Fin.

Autora: Carmen Lydia Rosa.

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