Mamá dile a Dios
que me saque de aquí
yo te prometo que no volveré a salir
para lugares que no son para mi.
Mamá no me gusta que sufras por mi
si Dios me devuelve no te haré sufrir
al contrario, vas a ver como vas a reír.
Mamá se que lo hice muy mal
por las drogas y mis malos amigos
estoy donde yo no quiero estar.
Mamá ruegale a Dios
que quiero volver al mundo
salir con mi hermano mayor
pedir a todos perdón
y en la escuela
ser un estudiante de honor.
Mamá yo me porte muy mal
tus consejos nunca los quise escuchar
lloraste mucho por mi
del mal camino me querías sacar
pero los vicios y las pandillas
me acabaron de matar.
Desde el cielo te pido mamá
dile a Dios que me deje contigo estar
quiero volver a ese mundo
que nunca supe apreciar.
Mamá me haces falta
extraño mucho a papá
el cuarto donde dormía
y mi ropa, ¿donde esta?
Mamá aquí veo una luz muy bella
se siente tranquilidad
pero en el mundo donde vivía
te tenia a ti, mamá.
Mamá, mamá, ya no puedo esperar mas
Si Dios quiere que me quede
hagase su voluntad
pero que daría yo por otra oportunidad
y volver a regresar.
Mamá, querida mamá
ya no me puedes escuchar
tus consejos fueron sabios
no los supe aprovechar
y ahora madrecita mía
ni un abrazo te puedo brindar.
Madrecita dile a Dios
que arrepentido yo estoy
las drogas no dejan nada
las gangas son las peores
y por yo estar en el vicio
sin quererlo
aquí en el infierno estoy.
Soy tan joven mamá
todo lo que bueno que me enseñaste
con tristeza se quedo atrás
pero si Dios no te escucha
¡por favor deja de llorar!
sigue tu vida, no sufras más.
Te quedas con papá
mis hermanos te cuidaran
que se alejen de los vicios
que siempre te sepan escuchar
¡mamá, no lo dejes pecar!
porque si a ti te respetan
mal no terminaran
tendrán larga vida, podrán disfrutar.
Yo soy un cuerpo sin alma
un espíritu que se fue
porque mi vida el vicio
con sus garras se llevó
ya no puedo ver la luna
la tierra me sepultó
mamá ya no soy humano
llorando, te pido perdón.
Autora: Carmen L. Rosa.
viernes, 22 de enero de 2010
jueves, 12 de noviembre de 2009
martes, 6 de octubre de 2009
EL NIÑO ENAMORADO DE UNA ESTRELLA.
Joselito miraba hacia el cielo todas las noches, le gustaba mirar la luna y las estrellas. Comenzaba a contar todas las estrellas, hasta que aparecía su estrella favorita. Joselito se ponía muy feliz, aquella estrella era las más bella, la más pequeña, la que más lo alumbraba. Joselito estaba locamente enamorado de esa estrella brillante. Ella desde el cielo lo miraba y le sonreía. Joselito se sentía el niño más feliz del mundo.
“Estrellita, eres la mas linda en el cielo. Quisiera tener alas para poder volar al cielo. Estar junto a ti, jugar y después besarte.” “Me puedes ver desde tu ventana, desde allí podemos jugar a las adivinanzas o lo que tú quieras. Quiero decirte que tú también eres un niño muy guapo.”
“Tú alumbras mis noches, mucho mejor que la luna. Como tú no hay otra estrella en el cielo. ¿Que quieres que juguemos hoy? La estrellita sonriendo con esa sonrisa de puro diamante, le dijo: “Dime Joselito, ¿sabes cuantas estrellas habemos en el cielo?”
Joselito muy feliz le contesto: “No se estrellita. Ustedes son muchas y no se pueden contar. Pero a ti yo te conozco, te puedo reconocer, eres diferente a las demás.”
“Joselito, tú eres muy especial para mi. Otra adivinanza amigo, ¿Cuándo es que las nubes cambian su color tan blanco?”
“Cuando va a llover, o viene una tormenta, las nubes se ponen oscuras, de un color gris.” La estrellita sin dejar de sonreír, le contestó: “Eres muy inteligente Joselito. Estoy muy orgullosa de ser tu amiga.” Joselito se puso triste, le dijo: “Yo quiero ser tu amigo, pero también quiero ser tu novio. Estoy enamorado de ti. Quiero que estés siempre aquí jugando conmigo.”
“No puedo estar siempre junto a ti. Mi casa es el cielo y la tuya es la tierra. Pero podemos platicar y jugar todas las noches. No quiero verte triste. Creo que ya es hora de que te vayas a dormir. Mañana seguiremos jugando, siempre te estaré esperando.”
Joselito comenzó a llorar. “¡No, no me quiero ir a dormir. ¡Quiero que me des un beso! Me gustaría que estuvieras en mi mano, para que tu luz hermosa, alumbre siempre mi cuarto.”
“No llores Joselito. Bajaré por un momento a darte un beso y también le dejare claridad a tu cuarto. Pero será solo una vez. Después seguiremos siendo grandes amigos, pero desde la lejanía. Tú me veras desde tu ventana y yo te alumbrare, y seguiremos jugando, pero desde el cielo. No puedo dejar solas a mis hermanas. ¿Me lo prometes?”
Mas tranquilo, Joselito respondió: “esta bien mi linda estrellita. Siempre te voy a querer. Eres mi única novia. Ven dame el beso, ahora si que tengo sueño, quiero dormir feliz.”
La estrella bajó del cielo. Beso con ternura a Joselito. El niño sintió ese beso como el mejor de los regalos, se parecía a los besos de mamá. Su tierna luz se le quedo grabada para siempre en sus tiernos ojos. La estrella se fue muy alegre al cielo y Joselito durmió como nunca había dormido antes, con una bella sonrisa en sus labios...
Todas las noches y siempre a la misma hora, Joselito miraba hacia el cielo. Esperando que saliera su amada estrella. Pero un día ya no la volvió a ver más. La estrellita había crecido, ya no la podía distinguir. Joselito también creció, ya podía dormir sin ver su estrella. Pero de vez en cuando miraba hacia el cielo y sonreía. Era lindo ver la claridad de la luna y el brillo de todas las estrellas. ¿Cuál de ellas será aquella que una vez fue su adorada novia? Difícil de adivinar, ahora eran todas iguales.
Fin.
Autora: Carmen L. Rosa.
“Estrellita, eres la mas linda en el cielo. Quisiera tener alas para poder volar al cielo. Estar junto a ti, jugar y después besarte.” “Me puedes ver desde tu ventana, desde allí podemos jugar a las adivinanzas o lo que tú quieras. Quiero decirte que tú también eres un niño muy guapo.”
“Tú alumbras mis noches, mucho mejor que la luna. Como tú no hay otra estrella en el cielo. ¿Que quieres que juguemos hoy? La estrellita sonriendo con esa sonrisa de puro diamante, le dijo: “Dime Joselito, ¿sabes cuantas estrellas habemos en el cielo?”
Joselito muy feliz le contesto: “No se estrellita. Ustedes son muchas y no se pueden contar. Pero a ti yo te conozco, te puedo reconocer, eres diferente a las demás.”
“Joselito, tú eres muy especial para mi. Otra adivinanza amigo, ¿Cuándo es que las nubes cambian su color tan blanco?”
“Cuando va a llover, o viene una tormenta, las nubes se ponen oscuras, de un color gris.” La estrellita sin dejar de sonreír, le contestó: “Eres muy inteligente Joselito. Estoy muy orgullosa de ser tu amiga.” Joselito se puso triste, le dijo: “Yo quiero ser tu amigo, pero también quiero ser tu novio. Estoy enamorado de ti. Quiero que estés siempre aquí jugando conmigo.”
“No puedo estar siempre junto a ti. Mi casa es el cielo y la tuya es la tierra. Pero podemos platicar y jugar todas las noches. No quiero verte triste. Creo que ya es hora de que te vayas a dormir. Mañana seguiremos jugando, siempre te estaré esperando.”
Joselito comenzó a llorar. “¡No, no me quiero ir a dormir. ¡Quiero que me des un beso! Me gustaría que estuvieras en mi mano, para que tu luz hermosa, alumbre siempre mi cuarto.”
“No llores Joselito. Bajaré por un momento a darte un beso y también le dejare claridad a tu cuarto. Pero será solo una vez. Después seguiremos siendo grandes amigos, pero desde la lejanía. Tú me veras desde tu ventana y yo te alumbrare, y seguiremos jugando, pero desde el cielo. No puedo dejar solas a mis hermanas. ¿Me lo prometes?”
Mas tranquilo, Joselito respondió: “esta bien mi linda estrellita. Siempre te voy a querer. Eres mi única novia. Ven dame el beso, ahora si que tengo sueño, quiero dormir feliz.”
La estrella bajó del cielo. Beso con ternura a Joselito. El niño sintió ese beso como el mejor de los regalos, se parecía a los besos de mamá. Su tierna luz se le quedo grabada para siempre en sus tiernos ojos. La estrella se fue muy alegre al cielo y Joselito durmió como nunca había dormido antes, con una bella sonrisa en sus labios...
Todas las noches y siempre a la misma hora, Joselito miraba hacia el cielo. Esperando que saliera su amada estrella. Pero un día ya no la volvió a ver más. La estrellita había crecido, ya no la podía distinguir. Joselito también creció, ya podía dormir sin ver su estrella. Pero de vez en cuando miraba hacia el cielo y sonreía. Era lindo ver la claridad de la luna y el brillo de todas las estrellas. ¿Cuál de ellas será aquella que una vez fue su adorada novia? Difícil de adivinar, ahora eran todas iguales.
Fin.
Autora: Carmen L. Rosa.
lunes, 31 de agosto de 2009
DOS ALMAS GEMELAS.
En una tarde de lluvia, dos amiguitas, mirando por una ventana grande de la casa, conversaban; la niña blanca decía: “Eres oscura como la noche, y yo soy blanca como la nieve.” La niña negra contestó, “Soy la hija del sol, por eso tengo este color, y tú eres esa nube que en lo alto se quedó.” La niña blanca respondió, “Soy tan clara como la luna, tú eres una neblina” La niña negra dice, “Seré la noche y tú serás el día. Mientras doy descanso, tú das trabajo, cansancio, eres como un día pesado.” Contesta la niña blanca, “Soy claridad, tú eres sombra, soy del jardín la flor mas hermosa.”
Contesta la niña negra, “Soy la nube que al mundo moja, por eso es que llueve parecido al llanto, tú eres la nieve que cae bonita, pero al pisar el suelo se ensucia.” La niña blanca se pone triste. Para de llover. La niña negra mira hacia el cielo y ve un bello arco iris. Muy emocionada dice, “¡Ves amiga, un arco iris, y tiene muchos colores! ¡Esta en el cielo y sonríe como un rey!” La niña blanca llora, “Si, es muy bonito, alegra el día y le da al cielo un lindo brillo. Perdóname amiguita, por haber sido tan cruel contigo.”
La niña negra se sonríe. “No amiguita, no tengo nada que perdonarte. No me has hecho ningún daño, solo jugábamos. El color lo creó papá Dios para el arco iris, somos humanas. Y para él solo somos corazón y alma.” Las dos niñas se abrazaron y con ternura se besaron. La niña blanca sonrió y dijo, “tienes razón Ana, por ser hijas de Dios, somos hermanas. No hay color, no hay razas. Las comparaciones te agobian, te cansan. Te quiero amiguita, jamás seré blanca, nunca serás negra. Somos dos niñitas que en el cielo adoran.” La niña negra dice, “Somos para papá Dios dos Ángeles que envió al mundo, una muy clarita, otra mas oscurita, porque así nos vio mucho mas bonitas. Una bendición dice mi mamá, lo mismo dirá tu papá. Dios nos ama y no ve color. Solo al arco iris le dio esa belleza, para que miremos al cielo y veamos su grandeza.”
Es cierto Ana, cuando miras al infinito, se puede sentir esa paz que no tenemos aquí. La luna, el sol, las estrellas, y las nubes, son un paraíso.” Las dos niñas volvieron a sonreír. Ana dijo, “Sarita, ya no llueve, vamos afuera a jugar a las escondidas.” “Muy bien Ana, yo me escondo en tu alma, y tú me buscas en la mía.”
Autora: Carmen Lydia Rosa.
Contesta la niña negra, “Soy la nube que al mundo moja, por eso es que llueve parecido al llanto, tú eres la nieve que cae bonita, pero al pisar el suelo se ensucia.” La niña blanca se pone triste. Para de llover. La niña negra mira hacia el cielo y ve un bello arco iris. Muy emocionada dice, “¡Ves amiga, un arco iris, y tiene muchos colores! ¡Esta en el cielo y sonríe como un rey!” La niña blanca llora, “Si, es muy bonito, alegra el día y le da al cielo un lindo brillo. Perdóname amiguita, por haber sido tan cruel contigo.”
La niña negra se sonríe. “No amiguita, no tengo nada que perdonarte. No me has hecho ningún daño, solo jugábamos. El color lo creó papá Dios para el arco iris, somos humanas. Y para él solo somos corazón y alma.” Las dos niñas se abrazaron y con ternura se besaron. La niña blanca sonrió y dijo, “tienes razón Ana, por ser hijas de Dios, somos hermanas. No hay color, no hay razas. Las comparaciones te agobian, te cansan. Te quiero amiguita, jamás seré blanca, nunca serás negra. Somos dos niñitas que en el cielo adoran.” La niña negra dice, “Somos para papá Dios dos Ángeles que envió al mundo, una muy clarita, otra mas oscurita, porque así nos vio mucho mas bonitas. Una bendición dice mi mamá, lo mismo dirá tu papá. Dios nos ama y no ve color. Solo al arco iris le dio esa belleza, para que miremos al cielo y veamos su grandeza.”
Es cierto Ana, cuando miras al infinito, se puede sentir esa paz que no tenemos aquí. La luna, el sol, las estrellas, y las nubes, son un paraíso.” Las dos niñas volvieron a sonreír. Ana dijo, “Sarita, ya no llueve, vamos afuera a jugar a las escondidas.” “Muy bien Ana, yo me escondo en tu alma, y tú me buscas en la mía.”
Autora: Carmen Lydia Rosa.
jueves, 27 de agosto de 2009
¿DONDE ESTÁ DIOS?
Mamá, ¿qué es el cielo?
El cielo es donde vive Dios, además es el hogar de las
estrellas, la luna, el sol y las nubes.
Mamá, entonces, el cielo es un castillo. Mi abuelito vive allá con Dios.
Tu abuelito se fue con Dios y esta allá, bien arriba del cielo; porque
el cielo es tan grande o más que un castillo.
Mamá, ¿yo puedo ir al cielo a visitar a mi abuelito?
No hijo mío, porque nosotros somos de la tierra; no se puede ir al cielo sin permiso de Dios. Cuando seamos todos viejitos, iremos al cielo, como tu abuelito.
Aunque otros se van sin ser viejitos, pero eso solo lo sabe Dios, el cielo es muy privado
y no hay maneras de ir, porque está muy, pero muy lejos.
Pero mamá, los aviones van al cielo. Ya sé, no me lo digas, tenemos que tener alas
para poder ir al cielo, como los aviones y los pajaritos. Mamá, ¿cómo pudo
mi abuelito subir al cielo? Él no tenía alas.
Porque papá Dios se lo llevo, ya estaba bien viejito y enfermo, y él se llevo su alma,
que es lo que todos tenemos adentro, y por eso vivimos, pero para ir al cielo tenemos que ser buenas personas y amar mucho a Dios.
Mamá, tu amas mucho a Dios y eres buena, pero yo no quiero que te vayas al cielo,
Me quedaría solo, y lloraría mucho como cuando se fue para el cielo mi abuelito.
No amor mío, no me iré para el cielo, no te dejare solo; no creo que Dios me de permiso todavía, tampoco quiero que tú te vayas al cielo, te necesito aquí, muy cerca de mi.
No mamá, no me iré al cielo a vivir, pero me gustaría tocar las estrellas
y jugar con las nubes.
Eso es imposible hijito querido, las estrellas están muy lejos, aunque las veas cerca, al igual las nubes, no puedes jugar con ellas, pero desde la tierra puedes contarla, hablar con ellas, ver como cambian de color las nubes. Pero si te digo algo hijito, nunca terminarías de contar las estrellas, porque son muchísimas.
Mamá, me gusta pasear en los aviones porque puedo ver mas cerca el cielo y
las nubes, puedo ver hasta animales y cosas dentro de las nubes.
Si hijito, porque las nubes tienen muchas formas, se pueden ver redondas, largas, anchas,
grandes y cortas, y cuando va a llover se ponen de color gris.
Mamá, ¿tú crees que abuelito me ve desde el cielo?
Puede ser hijito, puede ser. Él desde allá arriba te mira y es tu ángel de la guarda,
te cuida mucho y a mi también, porque soy su hija.
¡Que bueno mamá! Ahora estoy mas tranquilo. Abuelito esta feliz y ya no sufre,
tu tampoco mamá, y aunque me hace falta y lo extraño, sé que con Dios esta
muy bien cuidado y nada le faltará. Mamá, esta noche quiero que vengas conmigo a ver las estrellas, mi abuelito me puede estar mirando escondido en una de ellas.
Si hijo de mi vida. Cuando caiga la noche miraremos al cielo y contaremos las estrellas,
abuelito puede ser una de ellas.
¡Mamá, el cielo es un palacio y papá Dios es el rey! Yo quiero mucho a papá Dios, pero a ti mamita, te quiero mucho más. No quiero que vivas en un palacio, quiero que te quedes
conmigo en mi casa. Mamá, ¿me quieres como yo te quiero a ti?
Amor mío, con todo mi corazón, mi vida, y mi alma.
Autora: Carmen L. Rosa.
El cielo es donde vive Dios, además es el hogar de las
estrellas, la luna, el sol y las nubes.
Mamá, entonces, el cielo es un castillo. Mi abuelito vive allá con Dios.
Tu abuelito se fue con Dios y esta allá, bien arriba del cielo; porque
el cielo es tan grande o más que un castillo.
Mamá, ¿yo puedo ir al cielo a visitar a mi abuelito?
No hijo mío, porque nosotros somos de la tierra; no se puede ir al cielo sin permiso de Dios. Cuando seamos todos viejitos, iremos al cielo, como tu abuelito.
Aunque otros se van sin ser viejitos, pero eso solo lo sabe Dios, el cielo es muy privado
y no hay maneras de ir, porque está muy, pero muy lejos.
Pero mamá, los aviones van al cielo. Ya sé, no me lo digas, tenemos que tener alas
para poder ir al cielo, como los aviones y los pajaritos. Mamá, ¿cómo pudo
mi abuelito subir al cielo? Él no tenía alas.
Porque papá Dios se lo llevo, ya estaba bien viejito y enfermo, y él se llevo su alma,
que es lo que todos tenemos adentro, y por eso vivimos, pero para ir al cielo tenemos que ser buenas personas y amar mucho a Dios.
Mamá, tu amas mucho a Dios y eres buena, pero yo no quiero que te vayas al cielo,
Me quedaría solo, y lloraría mucho como cuando se fue para el cielo mi abuelito.
No amor mío, no me iré para el cielo, no te dejare solo; no creo que Dios me de permiso todavía, tampoco quiero que tú te vayas al cielo, te necesito aquí, muy cerca de mi.
No mamá, no me iré al cielo a vivir, pero me gustaría tocar las estrellas
y jugar con las nubes.
Eso es imposible hijito querido, las estrellas están muy lejos, aunque las veas cerca, al igual las nubes, no puedes jugar con ellas, pero desde la tierra puedes contarla, hablar con ellas, ver como cambian de color las nubes. Pero si te digo algo hijito, nunca terminarías de contar las estrellas, porque son muchísimas.
Mamá, me gusta pasear en los aviones porque puedo ver mas cerca el cielo y
las nubes, puedo ver hasta animales y cosas dentro de las nubes.
Si hijito, porque las nubes tienen muchas formas, se pueden ver redondas, largas, anchas,
grandes y cortas, y cuando va a llover se ponen de color gris.
Mamá, ¿tú crees que abuelito me ve desde el cielo?
Puede ser hijito, puede ser. Él desde allá arriba te mira y es tu ángel de la guarda,
te cuida mucho y a mi también, porque soy su hija.
¡Que bueno mamá! Ahora estoy mas tranquilo. Abuelito esta feliz y ya no sufre,
tu tampoco mamá, y aunque me hace falta y lo extraño, sé que con Dios esta
muy bien cuidado y nada le faltará. Mamá, esta noche quiero que vengas conmigo a ver las estrellas, mi abuelito me puede estar mirando escondido en una de ellas.
Si hijo de mi vida. Cuando caiga la noche miraremos al cielo y contaremos las estrellas,
abuelito puede ser una de ellas.
¡Mamá, el cielo es un palacio y papá Dios es el rey! Yo quiero mucho a papá Dios, pero a ti mamita, te quiero mucho más. No quiero que vivas en un palacio, quiero que te quedes
conmigo en mi casa. Mamá, ¿me quieres como yo te quiero a ti?
Amor mío, con todo mi corazón, mi vida, y mi alma.
Autora: Carmen L. Rosa.
miércoles, 26 de agosto de 2009
EVITA Y LOS ANIMALES.
“¡Guao, waaooo, guaao, wawawao, guaguao, guao!” Iris salio asustada de la casa, su hija Evita, estaba jugando en el patio de la casa. ¿Por qué hacia ese ruido? Ella no tenía animales. “¿Qué haces mi niña? Evita sonrió y dijo: “Mamá vi pasar un perro, le estaba hablando como él habla, porque quiero ser su amiga.” Iris ya calmada, también sonrió y contesto: “Evita, los perros no hablan, ladran, y tú estabas ladrando.” “Sabes mamá, me gustaría ser un perro, y que tú fueras mi dueña.” “No amor, me gustas mas como eres, mi niñita hermosa. Soy tu dueña, porque soy tu mamá. Me gusta besarte, abrazarte, y decirte todos los días, que te amo con mi vida.”
“Mamá, ¿no puedes besar y querer así como a mi, a un perro?” Iris sonreía antes las preguntas y las ocurrencias de su niñita Evita. “Evita, puedo tenerle cariño a un perro y hasta besarlo. Pero quererlo como te quiero a ti, eso si que no puedo. Sigue jugando hija y pórtate bien. Vuelvo a la casa, se me quema la comida.” Evita siguió jugando sola. Jugaba con la tierra, tocaba los gusanos, miraba y reía con las mariposas, y corría detrás de ellas, también trataba de volar como los pajaritos y se caía. Eso la hacia enojar y se ponía triste, porque no los podía alcanzar. De momento vio en una esquina un gato. Se le acerco. El gato la miraba con un poco de temor.
Evita comenzó a maullar: “¡Miau, miau, miau!” el gato puso mala cara y se fue para otro lugar del patio. Evita lo seguía, mientras seguía maullando, “miau, miau, miau” el gato se encrespo, ya estaba enojado. Evita se le acerco mas y lo cogio en sus brazos. El gato trataba de zafarse, no quería estar con ella en sus brazos, ahora era el gato que maullaba, “miau, miau, miau, miau.” Parecía un bebé llorando. Evita le contestaba: “¡Miau, miau, miau! Quiero ser tu amiga, quiero que me digas porque no quieres ser mi amigo. Me llamo Evita, ¿no te gustan las niñas? ¿Cómo te llamas? Yo se hablar como tú. Quiero que tú aprendas a hablar como yo, repite esto, “Evita quiero ser tu amigo.” El gato seguía muy enojado, y como Evita no lo soltaba, le araño la cara y las manos. Evita lo soltó con coraje, y se puso a llorar, mientras le decía:
“¡Eres un gato malo, ya no te quiero, ya no quiero ser tu amiga! ¡Vete de mi casa gato feo! Iris escucho a la niña llorar, fue a ver lo que le pasaba. La niña tenia sangre en las manos y en su carita inocente. Iris se asusto muchísimo. “¡Hijita, mi Evita! ¿Qué te ha pasado?” Evita llorando le dijo: “¡Mamá, mamá, me araño un gato malo, y yo solo quería ser su amiga!” “Pero Evita, ¿Qué le hiciste al gato para que te arañara así?” “Nada mamá, solo quería hablar como él, ser su amiga y enseñarle a hablar como yo. Lo acogí en mis brazos pero no le gustó y por eso me pegó.” Iris respiro mas tranquila, aunque estaba preocupada por aquellos arañazos de un gato desconocido. “Anda mi amor, vamos a la casa, tengo que curarte esos arañazos. Tienes que tener mucho cuidado con los animales. No debes molestar ni tratar de coger a ningún animal que no conoces, te pueden hacer daño. Escucha mi amor, los animales no hablan, y los gatos maúllan. Solo los humanos, como tú y como yo hablamos. No volveré a dejarte jugar sola. Después que te cure y cenes, iremos al parque a jugar.”
Ya mas tranquila, aunque con un poco de dolor en su heridas, Evita dijo: “Mamá, yo quiero un hermanito o una hermanita para jugar. Pronto cumpliré seis años. ¿Por qué no me regalas una hermanita?” Iris se puso un poco triste. Le hubiera gustado regalarle un hermanito o hermanita a su adorada princesita. “Mi amor, eso lo decide Dios. Además un hermanito se tarda nueve meses en venir al mundo, tu cumpleaños es en dos meses, por eso no te puedo regalar una hermanita. ¿Qué otra cosa te gustaría que te regalara amor?
La niña insistía en lo mismo: “¡Mamá, yo quiero una hermanita!” “Es muy rápido tu cumpleaños, no puedo hacerte ese regalo, además papá Dios es el que te la puede regalar. ¿Qué tal un animalito? Quizás un gatito.” Evita se enojo y casi gritando contesto: “¡No mamá, un gato no, son malos, y no quieren ser mis amigos!” Después mas tranquila, sonriendo dijo: “Prefiero que me regales un perrito, para ladrar como él. Le pediré a Dios que me regale una hermanita para mi otro cumpleaños, él si me la va a regalar.”
Iris la beso en su carita llena de arañazos, que aun sangraban un poco. “Si hijita, si Dios quiere, él te podrá regalar una hermanita. Para Dios nada es imposible. Algún día me entenderás hijita. Pero yo te voy a regalar el perrito más bonito del mundo. Para que juegues con él y sea como un hermanito. Pero no debes molestarlo, porque también se puede enojar como el gato.” “No mamá, porque los perros no arañan, y si es tu amigo no te muerde. Los gatos maúllan y los perros ladran.”
Autora: Carmen Lydia Rosa.
“Mamá, ¿no puedes besar y querer así como a mi, a un perro?” Iris sonreía antes las preguntas y las ocurrencias de su niñita Evita. “Evita, puedo tenerle cariño a un perro y hasta besarlo. Pero quererlo como te quiero a ti, eso si que no puedo. Sigue jugando hija y pórtate bien. Vuelvo a la casa, se me quema la comida.” Evita siguió jugando sola. Jugaba con la tierra, tocaba los gusanos, miraba y reía con las mariposas, y corría detrás de ellas, también trataba de volar como los pajaritos y se caía. Eso la hacia enojar y se ponía triste, porque no los podía alcanzar. De momento vio en una esquina un gato. Se le acerco. El gato la miraba con un poco de temor.
Evita comenzó a maullar: “¡Miau, miau, miau!” el gato puso mala cara y se fue para otro lugar del patio. Evita lo seguía, mientras seguía maullando, “miau, miau, miau” el gato se encrespo, ya estaba enojado. Evita se le acerco mas y lo cogio en sus brazos. El gato trataba de zafarse, no quería estar con ella en sus brazos, ahora era el gato que maullaba, “miau, miau, miau, miau.” Parecía un bebé llorando. Evita le contestaba: “¡Miau, miau, miau! Quiero ser tu amiga, quiero que me digas porque no quieres ser mi amigo. Me llamo Evita, ¿no te gustan las niñas? ¿Cómo te llamas? Yo se hablar como tú. Quiero que tú aprendas a hablar como yo, repite esto, “Evita quiero ser tu amigo.” El gato seguía muy enojado, y como Evita no lo soltaba, le araño la cara y las manos. Evita lo soltó con coraje, y se puso a llorar, mientras le decía:
“¡Eres un gato malo, ya no te quiero, ya no quiero ser tu amiga! ¡Vete de mi casa gato feo! Iris escucho a la niña llorar, fue a ver lo que le pasaba. La niña tenia sangre en las manos y en su carita inocente. Iris se asusto muchísimo. “¡Hijita, mi Evita! ¿Qué te ha pasado?” Evita llorando le dijo: “¡Mamá, mamá, me araño un gato malo, y yo solo quería ser su amiga!” “Pero Evita, ¿Qué le hiciste al gato para que te arañara así?” “Nada mamá, solo quería hablar como él, ser su amiga y enseñarle a hablar como yo. Lo acogí en mis brazos pero no le gustó y por eso me pegó.” Iris respiro mas tranquila, aunque estaba preocupada por aquellos arañazos de un gato desconocido. “Anda mi amor, vamos a la casa, tengo que curarte esos arañazos. Tienes que tener mucho cuidado con los animales. No debes molestar ni tratar de coger a ningún animal que no conoces, te pueden hacer daño. Escucha mi amor, los animales no hablan, y los gatos maúllan. Solo los humanos, como tú y como yo hablamos. No volveré a dejarte jugar sola. Después que te cure y cenes, iremos al parque a jugar.”
Ya mas tranquila, aunque con un poco de dolor en su heridas, Evita dijo: “Mamá, yo quiero un hermanito o una hermanita para jugar. Pronto cumpliré seis años. ¿Por qué no me regalas una hermanita?” Iris se puso un poco triste. Le hubiera gustado regalarle un hermanito o hermanita a su adorada princesita. “Mi amor, eso lo decide Dios. Además un hermanito se tarda nueve meses en venir al mundo, tu cumpleaños es en dos meses, por eso no te puedo regalar una hermanita. ¿Qué otra cosa te gustaría que te regalara amor?
La niña insistía en lo mismo: “¡Mamá, yo quiero una hermanita!” “Es muy rápido tu cumpleaños, no puedo hacerte ese regalo, además papá Dios es el que te la puede regalar. ¿Qué tal un animalito? Quizás un gatito.” Evita se enojo y casi gritando contesto: “¡No mamá, un gato no, son malos, y no quieren ser mis amigos!” Después mas tranquila, sonriendo dijo: “Prefiero que me regales un perrito, para ladrar como él. Le pediré a Dios que me regale una hermanita para mi otro cumpleaños, él si me la va a regalar.”
Iris la beso en su carita llena de arañazos, que aun sangraban un poco. “Si hijita, si Dios quiere, él te podrá regalar una hermanita. Para Dios nada es imposible. Algún día me entenderás hijita. Pero yo te voy a regalar el perrito más bonito del mundo. Para que juegues con él y sea como un hermanito. Pero no debes molestarlo, porque también se puede enojar como el gato.” “No mamá, porque los perros no arañan, y si es tu amigo no te muerde. Los gatos maúllan y los perros ladran.”
Autora: Carmen Lydia Rosa.
EL CUMPLEAÑOS DE EBER.
Eber es un niño muy bonito, con su color morenito. Tiene un tío que se llama Gabriel y lo quiere mucho y es su angelito. Todos están muy felices hoy, ¿y saben porque? Es el cumpleaños de Eber, hoy cumple tres añitos. Eber esta muy contento, su mamá y su papá le compraron una ropita muy bonita y él se pone tímido cuando todos le dicen lo bonito que se ve. Mamá y papá le tienen preparada una gran fiesta. Toda la familia y amigos están unidos para disfrutar del cumpleaños de Eber. Eber esta feliz porque ya le están trayendo muchos regalos. Eber quiere muchos juguetes, caballitos, carritos, animales, y todos los juguetes que existen en el mundo. A Eber le gustan los payasos y sus padres ya le tienen un payaso para su fiesta, Eber se va a poner bien contento. El payaso lo hará reír mucho y también a sus primos y amiguitos. Eber quiere que le pinten la cara cómo al payaso y también a sus amiguitos y primos. Sus amiguitos Fernando y Alex miran la piñata grande, dentro de ella hay muchos dulces. Priscila y David que son sus primos, ya quieren romper la piñata para agarrar muchos dulces, porque cómo a Eber y sus amiguitos, les gusta mucho comer dulces. También quieren comer mantecado y pastel. Eber esta muy feliz con su fiesta de cumpleaños. Lo que mas le gusta de su fiesta son los regalos, la piñata y el pastel. El pastel tiene muchos colores y su mamá le dijo, que en el pastel también estaba escrito su nombre.
Eber se acerca a la mesa donde está el pastel. Lo mira y sonríe de felicidad. Toda la familia y amigos se acercan a la mesa, junto a Eber, para cantarle “feliz cumpleaños”. “Happy birthday to you, happy birthday to you, happy birthday dear Eber, happy birthday to you.” Eber se acerca al pastel y con todas sus fuerzas sopla las tres velitas. Todos lo aplauden y le tiran fotos. A Eber le gusta que le tiren muchas fotos con sus primitos y amigos. Ya los demás niños quieren comer pastel. Eber quiere comer pizza porque tiene hambre y es su comida favorita. Los demás niños quieren romper ya la piñata, quieren agarrar muchos dulces. Eber comienza a abrir sus regalos con la ayuda de su mamá y su papá. En su cara se puede notar una sonrisa de felicidad y orgullo. Tío Gabriel besa con mucho cariño a su sobrinito y le pregunta: “Tata, dime, de todos los regalos, ¿Cuál te gustó más? “El tuyo tío, pero yo quería que me regalaras una gallina para jugar.” Todos se rieron y tío Gabriel le contesto: “cariño mío, algún día te regalare muchas gallinas de todos colores, blancas, negras, café, moradas y amarillas.” Eber le dio un abrazo y un beso a su tío y con su vocecita inocente, le dijo: “Gracias tío, yo quiero una gallina blanca.” Más tarde todos se agruparon para romper la piñata. Priscila y Eber lograron romper la piñata, todos agarraron muchos dulces. Eber quería comerse todos los dulces pero mamá dijo que no, era la hora de comer lo que mas le gustaba a Eber… pizza. También tenia que tomar mucha leche para tener sus dientitos sanos. Eber se sentía ya un hombrecito, tenía tres añitos. De tanta fiesta y tanto comer el pobrecito Eber se cansó. Mientras los demás niños jugaban, Eber se quedo dormido. También los hombrecitos de tres años se cansan. Su tío Gabriel lo llevo a su cama, le dio un beso y le dijo: “Dios te cuide mucho sobrinito, estás creciendo y estoy orgulloso de ti.” Ese día Eber soñó que en su fiesta de cumpleaños había una gallina blanca que corría y volaba por toda la casa y él la perseguía, corría detrás de ella para jugar, pero nunca logro alcanzarla. Nunca Eber olvidaría que su tío le había prometido muchas gallinas.
FIN.
Carmen L. Rosa.
Eber se acerca a la mesa donde está el pastel. Lo mira y sonríe de felicidad. Toda la familia y amigos se acercan a la mesa, junto a Eber, para cantarle “feliz cumpleaños”. “Happy birthday to you, happy birthday to you, happy birthday dear Eber, happy birthday to you.” Eber se acerca al pastel y con todas sus fuerzas sopla las tres velitas. Todos lo aplauden y le tiran fotos. A Eber le gusta que le tiren muchas fotos con sus primitos y amigos. Ya los demás niños quieren comer pastel. Eber quiere comer pizza porque tiene hambre y es su comida favorita. Los demás niños quieren romper ya la piñata, quieren agarrar muchos dulces. Eber comienza a abrir sus regalos con la ayuda de su mamá y su papá. En su cara se puede notar una sonrisa de felicidad y orgullo. Tío Gabriel besa con mucho cariño a su sobrinito y le pregunta: “Tata, dime, de todos los regalos, ¿Cuál te gustó más? “El tuyo tío, pero yo quería que me regalaras una gallina para jugar.” Todos se rieron y tío Gabriel le contesto: “cariño mío, algún día te regalare muchas gallinas de todos colores, blancas, negras, café, moradas y amarillas.” Eber le dio un abrazo y un beso a su tío y con su vocecita inocente, le dijo: “Gracias tío, yo quiero una gallina blanca.” Más tarde todos se agruparon para romper la piñata. Priscila y Eber lograron romper la piñata, todos agarraron muchos dulces. Eber quería comerse todos los dulces pero mamá dijo que no, era la hora de comer lo que mas le gustaba a Eber… pizza. También tenia que tomar mucha leche para tener sus dientitos sanos. Eber se sentía ya un hombrecito, tenía tres añitos. De tanta fiesta y tanto comer el pobrecito Eber se cansó. Mientras los demás niños jugaban, Eber se quedo dormido. También los hombrecitos de tres años se cansan. Su tío Gabriel lo llevo a su cama, le dio un beso y le dijo: “Dios te cuide mucho sobrinito, estás creciendo y estoy orgulloso de ti.” Ese día Eber soñó que en su fiesta de cumpleaños había una gallina blanca que corría y volaba por toda la casa y él la perseguía, corría detrás de ella para jugar, pero nunca logro alcanzarla. Nunca Eber olvidaría que su tío le había prometido muchas gallinas.
FIN.
Carmen L. Rosa.
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